EL MURAL DE LA MARISMA

El vecino sale de casa con el propósito simple de entretener a los nietos, como es la costumbre -y a veces obligación- de muchos abuelos, y va a la pista de siempre, a la pista de La Marisma.

Pero al llegar observa una actividad inusual, pues no se trata de un partido, ni de entrenamientos, como muchas veces ha visto, sino de algo distinto. En efecto, sobre la pista hay montados caballetes, tableros, botes de pintura y personas alrededor. Al principio, el vecino no se fija mucho y va a la portería a enredar con los nietos.
-Abuelo, te la pones. 
-Vale.
Y entre goles de verdad y otros que el abuelo se deja meter, sobre todo cuando chuta el nieto pequeño, se van consumiendo los minutos. Pero el vecino no deja de observar lo que sucede en la pared de la pista y, por fin, decide acercarse.
-Niños, seguid solos. Que voy a ver qué pasa.
-Jo, abuelo. No te vayas, porfa.

Pero el abuelo se va porque no quiere perderse los detalles de lo que está pasando, y es que están pintando un mural en la pared de la pista.
Después de responder a las curiosas preguntas que formula el vecino, el maestro le ha invitado a participar, y al punto ya está el vecino con un bote de pintura y un pincel en las manos rebordeando las siluetas de las figuras y, acaso, los sueños.
Porque eso es lo que es, un sueño hecho realidad. Una idea que soñó Edu Lamadrid y que ha cristalizado gracias a la pericia técnica de Luigi García.

Cualquier espectador puede acercarse y comprobar que el mural de La Marisma no es uno más de los que se ven en las paredes de algunos edificios de nuestros pueblos. El mural de La Marisma no es un muralito de compromiso, sino que es una obra colosal de 22 x 2,5 metros en la que han intervenido, además de los padres de la criatura y la colaboración especial de Toño y Lolo, más de cuarenta personas (de ellas unos veinticinco niños de entre seis y once años, destacando el arte de Claudia, de trece). O sea, que se puede decir que ha sido una obra de arte colectiva. Edu, el autor, ha expresado que quería poner en valor la idea de “FÚTBOL CON VALORES”, y a fe que lo ha conseguido.

El vecino, al atardecer de esta tarde de agosto, se ha sentado en el centro de la pista y ha seguido el hilo conductor expresado en el mural y se ha dejado llevar:
Ha cogido en sus manos la bufanda extendida que lleva la leyenda de la Asociación de Vecinos La Marisma*, y se ha recreado en cada una de las dieciocho figuras infantiles llenas de expresividad y sugerencias. Ha contado los balones pintados y ha encontrado catorce. Ha leído los valores morales escritos en el muro (respeto, esfuerzo, humildad, diversión) y sabe que está de acuerdo con ellos.

El vecino valora el alto grado de acabado artístico de la obra, el juego de colores y de formas, el dinamismo y la elegancia de las figuras y el alcance estético y moral conseguido. 
Está cayendo la tarde y el vecino se va a sus recintos felicitando a todos los que han intervenido en este proyecto. El vecino valora la gran acción social que lleva a cabo la Asociación La Marisma, y felicita a sus dirigentes encabezados por su incombustible presidente José Manuel Santiago Agudo “Santi”.

El vecino se vuelve para volver a mirar el mural de La Marisma. ¡Es una pasada!

NOTA (*): En Astillero (Cantabria). Sirvan unas pequeñas pinceladas para conocerla: 
Fundada en 1981, inicia su actividad deportiva en 1983.
Aquí se mueven niños desde los de la escuela de fútbol (4-5 años) hasta los juveniles (18-19) 
La temporada pasada han militado en estas filas 240 niños y 25 entrenadores.
Hay personas que llevan en el club más de 25 años. Desde su época de jugadores hasta ahora, que son entrenadores.
Una niña, formada en este club, ha llegado a conseguir una proyección nacional.
Fotos y texto, Santiago Izquierdo Abad

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